La transformación silenciosa de la Ucrania ocupada


David Lewis
18 de Enero de 2024

Mientras Occidente continúa peleándose por la concesión de ayuda adicional a Ucrania, Rusia ha consolidado tranquilamente su control sobre los territorios que ocupa en el sureste de Ucrania. Cuando la línea de frente se estabilizó en 2023 Rusia mantuvo el control de casi el 18% del territorio ucraniano, incluidos unos 25.000 kilómetros cuadrados de tierra incautados desde febrero de 2022. Todas las ramas del gobierno ruso están involucradas en un costoso y ambicioso programa para integrar estos territorios recién ocupados en la Federación de Rusia, como hizo Rusia con Crimea después de apoderarse de la península en 2014. El Kremlin espera crear realidades sobre el terreno que será difícil para Ucrania impugnar, ya sea por fuerza militar o en futuras conversaciones de paz.

En septiembre de 2022 Rusia anexionó oficialmente cuatro oblasts ucranianos: Donetsk y Luhansk en el este del país y Zaporiyia y Jersón en el sur, aunque sus militares no controlan completamente estas provincias. Desde entonces las autoridades rusas han transformado la gobernanza de las regiones bajo su control, organizando elecciones ficticias el pasado mes de septiembre y nombrando funcionarios pro-Moscú a todos los niveles. Un ejército de tecnócratas supervisa la absorción completa de estos territorios, alineando sus leyes, reglamentos y sistemas fiscales y bancarios con los de Rusia, y eliminando cualquier rastro de vínculos institucionales con Ucrania. Se prevé un período de transición nominal hasta enero de 2026, cuando el Kremlin espera que los sistemas jurídicos, judiciales y políticos rusos estén plenamente en vigor en lo que llama las “nuevas regiones”.

Esta ocupación administrativa es menos conocida que la violencia y las violaciones de los derechos humanos que la acompañan. Pero la guerra de Rusia en Ucrania va mucho más allá de sus despiadados ataques de misiles y drones, sus legiones de soldados y su retórica belicista. En la Ucrania ocupada, los burócratas han logrado hacer cumplir la ley por la población local. Aunque algunas personas se resisten, las autoridades imponen la educación rusa, el adoctrinamiento cultural y los sistemas económicos y jurídicos para vincular cada vez más estrechamente estos territorios con Rusia. Cuanto más tiempo ocupe Rusia estos territorios, más difícil será para Ucrania recuperarlos.

Bajo el yugo ruso

Probablemente más de la mitad de la población de antes de la guerra de las regiones recién ocupadas huyó después de la invasión rusa de 2022. Pero para quienes se quedaron, el sistema ruso obligó a casi todos a un cierto nivel de cooperación. Según las cifras rusas, a casi el 90% de los residentes restantes de los cuatro oblasts anexados, es decir, a unos tres millones de personas, se les ha sido expedido un pasaporte ruso. Tienen pocas opciones: se necesita un pasaporte ruso para abrir una cuenta bancaria, administrar una empresa o recibir prestaciones sociales.

Es extremadamente difícil evaluar las actitudes y lealtades de las personas que viven bajo la ocupación rusa. No hay medios de comunicación independientes ni grupos de la sociedad civil, y los servicios de seguridad vigilan cuidadosamente las redes sociales. Pero la sociedad en las regiones recién ocupadas está claramente dividida. Una minoría de personas han servido en el régimen de ocupación o han adoptado públicamente posiciones pro-rusas, a menudo de acuerdo con sus sentimientos de antes de la guerra. Pero las y los visitantes rusos a las regiones recién ocupadas informan de una hostilidad discreta por parte de la población local. El ejército ucraniano ha mantenido una resistencia armada detrás de las líneas de frente en los cuatro oblasts, y cada pocas semanas se informa de ataques con coche bomba dirigidos a oficiales rusos o colaboradores locales. Sin embargo, los mecanismos de filtrado brutales pero efectivos de los rusos, procedimientos que examinan los antecedentes, la trayectoria en el servicio militar y las opiniones políticas de cada individuo, han eliminado la resistencia popular. La mayoría de la gente simplemente intenta salir adelante sin terminar “en el sótano”, como los lugareños llaman a la macabra brutalidad de la detención rusa. Rusia se alegra de ver irse a los posibles opositores: siempre hay una salida para quienes tienen el dinero necesario para comprar un billete en los autobuses charter regulares de los territorios ocupados a Europa a través de Rusia.

Los que se quedan deben soportar mensajes y un adoctrinamiento pro-ruso sin fin. Cada vez que las fuerzas rusas llegan a una nueva ciudad en Ucrania, se apoderan rápidamente de la torre de televisión. Han cortado las emisiones ucranianas y las han sustituido por la propaganda del Kremlin. El periodista ruso Alexander Malkevich, sancionado por Estados Unidos por sus intentos de interferir en la política estadounidense en 2018, se presentó en junio de 2022 en Jersón y Zaporiyia, ocupadas por los rusos, para crear nuevas estaciones de televisión locales y una escuela para jóvenes periodistas. Su estación de radio local en las zonas ocupadas emite programas musicales patrióticos para las tropas rusas.

Pocos habitantes pueden soportar esta flagrante propaganda rusa y, por lo tanto, buscan alternativas. La mayoría de la gente navega por interminables canales de Telegram en busca de información. Esta aplicación de mensajería es utilizada por todo el muno en los territorios ocupados, incluidos los funcionarios pro-rusos y los miembros de la resistencia ucraniana. Es un campo de batalla clave en las guerras de propaganda, pero también un mecanismo de supervivencia para las personas atrapadas bajo la dominación rusa. En los canales locales de Telegram, los usuarios pueden ser advertidos de los inminentes ataques de misiles, saber cuándo están abiertos los bancos, discutir cómo obtener una mejor conexión a Internet o descubrir el mejor lugar para hacerse la manicura. Rusia ahora gestiona todas las redes de telecomunicaciones e Internet en los oblasts anexados, por lo que muchos sitios de noticias ucranianos están bloqueados. La gente utiliza redes privadas virtuales para eludir las barreras rusas y acceder a las fuentes ucranianas, pero con el tiempo, algunos habitantes dicen que ya no se molestan. Algunos se quejan de que la información ucraniana está desconectada de las realidades de la vida bajo ocupación.

Bajo la ocupación, las decisiones diarias pueden cambiar la vida

En las escuelas de las zonas ocupadas por Rusia, las y los niños no pueden evitar la propaganda. Se ven obligados a cantar el himno nacional ruso cada semana. Las escuelas han adoptado completamente el programa ruso, con el ucraniano reducido a un segundo idioma opcional. Los estudiantes de último año aprenden de un nuevo libro de texto de historia rusa que les dice que Ucrania está dirigida por neonazis y que la llamada operación militar especial de Rusia en Ucrania fue una respuesta justificada a la agresión de Occidente. Algunos padres logran que sus hijos estudien en escuelas ucranianas en línea, pero es arriesgado: según un informe de Amnistía Internacional, los padres temen que se lleven a sus hijos si se descubre que están matriculados en escuelas ucranianas alejadas.

Ha habido enseñantes que se negaron a utilizar el nuevo programa ruso a pesar de las detenciones y las amenazas. Pero muchos continúan trabajando bajo el nuevo régimen: miles de maestros ucranianos habrían tomado cursos de reciclaje obligatorios en Crimea y Rusia. Sus motivaciones son diversas. Algunos pueden ser irredentistas que quieren formar parte de una gran entidad rusa. Otros pueden haber odiado siempre el cambio a la enseñanza en idioma ucraniano ocurrido en los últimos años y han acogido favorablemente el regreso a la enseñanza en idioma ruso. Algunos profesores probablemente pensaron que podían mitigar los peores aspectos de la enseñanza rusa, trabajando dentro del sistema para proteger a sus alumnos. Otros vieron en la ocupación rusa una oportunidad para obtener mejores salarios y un ascenso. Muchas personas se quedaron en estas regiones porque tenían padres mayores que no querían cambiar de residencia o porque no podían considerar vivir en el exilio.

Bajo la ocupación, las decisiones cotidianas pueden cambiar la vida. Al elegir trabajar en una escuela controlada por los rusos o en cualquier otra organización local, los residentes se exponen a posibles denuncias por colaboración. Desde la entrada en vigor de una nueva ley en marzo de 2022, las autoridades ucranianas ya han iniciado al menos 6000 procedimientos contra presuntos colaboradores. Las posibles sanciones van desde la prohibición de ocupar un trabajo en el servicio público hasta fuertes penas de prisión y la confiscación de bienes. La ley es controvertida: define la colaboración de forma tan amplia que muchos propietarios de empresas o empleados de la administración local corren el riesgo de ser procesados una vez que Ucrania haya recuperado sus ciudades y comunidades. Las personalidades más altas a menudo han huido a medida que avanzaban las fuerzas ucranianas, por lo que son sobre todo administradores o profesores de rango inferior quienes se han encontrado ante los tribunales. Muchos de ellos son mujeres, que a menudo ocupan tales puestos en la administración local y la educación. Aunque la mayoría de las y los ucranianos reconocen que cualquier persona que ocupe un puesto de liderazgo en la administración de ocupación rusa merece que se aplique la ley en todo su rigor, los abogados y defensores de los derechos humanos temen que esta ley sea demasiado amplia y haga el juego a Rusia. Cuando las fuerzas rusas se retiraron de Jersón en noviembre de 2022, miles de ucranianos, incluidos muchos profesores, también se fueron con ellos, alentados por la propaganda rusa que les advirtió que serían perseguidos como colaboradores.

Rusia apuesta a que, a largo plazo, los niños ucranianos de estas regiones se convertirán en rusos patriotas. Las y los escolares ucranianos fueron llevados a suntuosos viajes de estudio a Rusia, visitando lugares turísticos y universidades de verano. Los programas de la televisión rusa muestran regularmente a niños del Donbás o del sur de Ucrania acogidos en festivales dentro de Rusia. Esta es una propaganda desagradable, pero estas visitas parecen al menos ser en gran parte voluntarias. También hay casos mucho más graves en los que miles de niños ucranianos fueron expulsados ilegalmente a Crimea o Rusia durante los combates. Algunos han sido adoptados ilegalmente por familias rusas. Muchas familias ucranianas luchan por encontrar a sus hijos y recuperarlos.

Los múltiples tentáculos de la ocupación

En las ciudades ucranianas conquistadas, como Melitópol o Mariúpol, Rusia borra poco a poco todo recuerdo visual de Ucrania. Durante las primeras semanas de la guerra, las tropas rusas arrancaron los tridentes ucranianos y destruyeron los monumentos que conmemoraban la hambruna provocada por la Unión Soviética, conocida como Holodomor, que mató a millones de ucranianos en la década de 1930. En todas partes han repintado los colores ucranianos, azul y amarillo, con el rojo y el azul de Rusia. Rusia tiene como objetivo revertir por completo las campañas de ucranización y de “descomunización” que barrieron la región después de 2014. Una ley de mayo de 2015 ordenó la retirada de todos los símbolos y estatuas soviéticas y comunistas y reemplazó a decenas de miles de nombres de ciudades y calles que datan de la era soviética. Durante la campaña, las autoridades ucranianas derribaron más de 1000 estatuas de Lenin en todo el país. Hoy, los rusos las vuelven a poner en su lugar.

Las calles han sido rebautizadas de forma obsesiva. En Mariúpol, la Plaza de la Libertad ha vuelto a ser la Plaza Lenin. El bulevar Meotida, una calle devastada en el corazón de la comunidad griega de la ciudad, ha recuperado su torpe nombre de la época soviética, la calle del 50 aniversario de la revolución de octubre. La calle de la Universidad de Melitópol ha sido rebautizada como la calle Darya Dugina, en nombre de la activista y columnista rusa de extrema derecha que fue asesinada por un atentado con coche bomba en Moscú en agosto de 2022. Los nombres de las calles también reflejan el legado de las batallas ideológicas del siglo XX. En Melitópol, la calle Dmytro Dontsov, que lleva el nombre de un pensador político ucraniano de la década de 1930 con opiniones fascistas, ahora lleva el nombre de Pavel Sudoplatov, un infame agente secreto estalinista que participó en el asesinato de León Trotski.

La guerra se extiende a la cultura, donde Rusia ha implementado un programa de rusificación integral que juega con las tensiones preexistentes relacionadas con el idioma y la política. El teatro principal de Mariúpol fue destruido durante una de las atrocidades más famosas de la guerra, cuando un presunto ataque aéreo ruso mató a cientos de civiles en marzo de 2022. El teatro está en proceso de reconstrucción, pero su compañía está ahora dividida. Un grupo se ha instalado en el oeste de Ucrania, donde presenta obras políticas contemporáneas en ucraniano. Los que se quedaron en Mariúpol interpretan comedias chejovianas poco exigentes en ruso en el centro juvenil local. Rusia está ampliando su red de cines en la región, no para difundir propaganda abierta, sino para devolver a la gente a la cultura popular rusa cotidiana. En Mariúpol, el fin de semana de Año Nuevo, los cinéfilos se apresuraron a ver la última comedia rusa de éxito, Serf 2. Las películas de propaganda sobre la guerra, como Witness, el desastre ruso de 2023 en la taquilla, están ausentes. La gente quiere distracción, no adoctrinamiento, pero incluso esta distracción puede servir para acercar a los habitantes a Rusia.

Más allá de la cultura, la política económica es el medio más poderoso que tiene Rusia para cooptar a la sociedad y provocar un cambio demográfico a largo plazo en las regiones ocupadas de Ucrania. El sistema de protección social y los salarios estatales rusos suelen ser más generosos que los de Ucrania y tienen como objetivo ganar a las partes más pobres de la población y a los jubilados. En diciembre, el presidente ruso Vladimir Putin anunció que Rusia gastaría más de mil billones de rublos (unos 11 mil millones de dólares) al año en las cuatro regiones anexadas. Esta cantidad incluye miles de millones de dólares destinados a un amplio programa de reconstrucción con la esperanza de crear una “nueva Rusia” en las orillas septentrionales del mar de Azov, recordando la idea de Novorossiya (nueva Rusia) de Catalina la Grande en el siglo XVIII. Los brillantes folletos describen el futuro de Mariúpol como una imagen de Rusia junto al mar, donde todo recuerdo de Ucrania ha sido arrasado y reemplazado por edificios residenciales, parques y bulevares rusos. La ciudad fue devastada durante los combates de 2022 y las autoridades reubicaron a algunos habitantes. Sin embargo, muchos se quejan de que los mejores alojamientos están reservados para los recién llegados rusos. Parece que Moscú quiere animar a las y los inmigrantes rusos a reemplazar a las y los residentes ucranianos que han sido desposeídos y forzados al exilio. No es la primera vez en este conflicto que las acciones rusas violan el derecho internacional, que prohíbe explícitamente tales transferencias de población dentro y fuera de los territorios ocupados.

Muchos ucranianos que han huido ya han perdido sus bienes y negocios. Desde el verano de 2022, las autoridades de ocupación han dirigido la expropiación masiva de bienes ucranianos, lo que constituye una nueva violación flagrante del derecho internacional relativo a la ocupación. Los propietarios debían presentarse en un plazo de tres días con una pila de documentos para reclamar su título de propiedad si su empresa figuraba en una lista publicada por las autoridades locales de bienes y empresas supuestamente abandonadas. De lo contrario, la empresa era cedida a amigos locales o empresarios rusos. Desde el inicio de la invasión en febrero de 2022, las autoridades rusas han registrado por la fuerza miles de empresas ucranianas, incluidas grandes fábricas metalúrgicas y panaderías locales, en la base de datos oficial de empresas rusas, lo que constituye una de las mayores incautaciones de bienes de los últimos años. Las empresas rusas han tomado el control de vastas extensiones de las mejores tierras agrícolas de Zaporiyia y han enviado ilegalmente miles de toneladas de cosechas ucranianas al extranjero. El puerto de Mariúpol vuelve a estar abierto, con los barcos trayendo materiales de construcción para proyectos rusos y volviendo cargados de cereales ucranianos acaparados.

Ligado a Rusia

Las perspectivas para los territorios ocupados son sombrías. Ucrania no tiene una estrategia política y diplomática para desafiar la ocupación rusa a largo plazo. Los políticos ucranianos esperaban que una contraofensiva militar rápida y exitosa el año pasado liberara estos territorios y hiciera retroceder a las fuerzas rusas. No ocurrió nada parecido. Dado que la línea de frente está en un punto muerto territorial, las posibilidades de Ucrania de recuperar el control total de los territorios ocupados por la fuerza de las armas en 2024 parecen escasas. Cualquier armisticio o congelación del conflicto trazaría una línea a través del sur y el este de Ucrania, dejando a millones de ucranianos bajo dominio ruso. A medida que continúa la guerra, Rusia tiene tiempo para consolidar su ocupación política, económica y administrativa, lo que dificultará cada vez más la posible reintegración de estos territorios a Ucrania.


Traducido por Faustino Eguberri

Artículo en francés