Ucrania quiere mantener viva la memoria de las innumerables víctimas de la guerra


Clara Marchaud
6 de Enero de 2024

Cuando Iryna Dadak enterró a su esposo, Yuri, el 9 de abril de 2022, solo había siete tumbas en el “Campo de Marte”, un cementerio militar en el centro de Lviv.

“Al principio, contaba las nuevas tumbas, hasta el centenar tal vez. Y hoy tengo miedo de levantar los ojos ”, susurra esta viuda de 40 años, originaria de esta ciudad situada a cien kilómetros de la frontera polaca. Detrás de la de su marido, más de quinientas sepulturas con flores se alinean en una colina de varios cientos de metros.

Las familias encienden las velas, tiran las flores marchitas o se recogen, a pesar del frío y la nieve. Yuri Dadak, llamado Yuri Rouf, su seudónimo de poeta y músico, falleció el 1 de abril de 2022 a los 41 años en la región de Luhansk. Un año y medio después de su muerte, la invasión rusa sigue haciendo víctimas, dejando a millones de ucranianos en duelo y dolor. Según una encuesta publicada en junio de 2023, el 63% tiene al menos un familiar muerto durante la guerra.

En la vivienda de los Dadak, el retrato de Yuri, voluntario desde 2014, todavía se encuentra en la encimera de la cocina. “Era un hombre que trabajaba por el bien de la sociedad”, dice Iryna, conmovida, mirando la imagen. Hasta altas horas de la noche, Yuri escribió poemas nacionalistas para apoyar “el espíritu de la nación”. Por la mañana, los declamaba en la mesa de la cocina donde su viuda nos recibe con un té. Antes de que Yuri se uniera al ejército, el 24 de febrero de 2022, la pareja no podía salir a Lviv sin que en todas las esquinas, el activista fuera saludado por conocidos.

Ahora una de ellas lleva su nombre, en lugar del de un poeta ruso. Roksolyana y Kateryna, sus dos hijas de 13 y 8 años, simplemente lo llaman “la calle de papá”, donde la familia se estaciona para visitarlo en el cementerio. Papá también dio su nombre a un lago en los Cárpatos, a un camino de entrada en su pueblo natal, a una calle en la ciudad de Kremenchuk…

Aunque la guerra siga haciendo estragos, Ucrania, ya sea a nivel estatal, de municipios o de la sociedad civil, multiplica las iniciativas de memoria, siguiendo el dicho local: “Un héroe solo muere cuando su nombre deja de ser pronunciado.»

Al menos 24500 soldados fallecidos

A menudo se critica a las tragedias por convertir a las víctimas en estadísticas frías. Pero en Ucrania no hay cifras: las víctimas de Rusia son solo nombres. Después de dar algunos balances de los primeros días de la invasión, el ejército se niega ahora a comunicar sus pérdidas porque esta información podría ser utilizada por el enemigo.

Washington estima que más de 70.000 personas son las pérdidas militares ucranianas, frente a 300.000 entre los rusos. Aunque Mediapart no puede verificar estas cifras, sigue siendo difícil no notar que los cementerios crecen día a día. Sin embargo, las iniciativas de memoria locales permiten darse cuenta de la magnitud del duelo por la sociedad ucraniana, que llora a una generación amputada.

El “Libro de la Memoria”, una lista de víctimas mantenida por el Museo Nacional de Historia Militar, informa de unos 24.500 militares fallecidos, además de los 15.000 desaparecidos. “Incluso hoy me cuesta creerlo. Tengo la impresión de que la guerra terminará y volverá, que todos los que ya no están con nosotros volverán”, susurra Iryna.

Al igual que muchas familias de militares fallecidos, la mujer de cuarenta años dedica su tiempo a “preservar la memoria” de su marido vendiendo sus colecciones de poemas y hablando con los medios de comunicación. “Cuando abro las redes sociales y veo que alguien citó uno de sus poemas, dibujó su retrato, recordó quién es, qué logró durante su vida, me hace feliz”, explica esta empresaria que testificó en un documental en honor a su esposo realizado por la plataforma Memorial.

Memoria viva

Esta ONG ucraniana, fundada en marzo de 2022 por empleadas y empleados de una agencia de comunicación, tiene la misión de “recordar a todas las víctimas” de Rusia. El equipo, compuesto por varias docenas de periodistas, empleados o voluntarios, hombres y mujeres, escribió el obituario de casi 5.400 personas que murieron a causa de la agresión rusa, entre ellas 3.000 civiles y 317 niños.

La mayoría de los retratos se realizan a petición de las familias, que rellenan un formulario en línea y son llamadas por un o una periodista. “El 80% de los retratos de militares se hacen sobre esta base, pero nos resulta mucho más difícil hacer hablar a las familias de civiles, por lo que buscamos la identidad de las víctimas civiles con las redes sociales. Queremos contar la historia de todas las víctimas sin excepción”, asegura Anastasia Abramets, directora de la ONG.

“Cada día que pasa las personas desaparecen y con ellas sus historias. Queremos contarlas, cuanto más esperemos, más difíciles serán de encontrar. Esta plataforma es una base valiosa hoy en día para las y los defensores de los derechos humanos, periodistas, fiscales. Más tarde, servirá a las y los historiadores, profesores... ”, espera Anastasia Abramets. “A menudo, los familiares de civiles quieren hablar, a veces el mismo día en que murió su ser querido, pero después, con el tiempo, se cierran, ya no quieren hablar”, agrega Olha Horodetska, responsable de la sección de civiles, que escribe un promedio de tres retratos póstumos al día.

En junio de 2023, la presidencia ucraniana hablaba de más de 10.000 muertes civiles, aproximadamente el número dado por la ONU. Sin embargo, ambos órganos especifican que la cuenta está muy subestimada. Sólo se enumeran con precisión los niños: 437 han muerto desde la invasión rusa, según el fiscal general de Ucrania, Andriy Kostin. Algunos casos documentados por Memorial han sido transmitidos a organizaciones como Human Rights Watch o la justicia ucraniana, con la esperanza de que estos muertos y sus familiares obtengan justicia y reparación.

“Queríamos reunir a todas estas personas en un monumento y recoger no solo las circunstancias de su muerte, sus nombres, sus apellidos, sino conservar una memoria viva de cada persona. Humanizar estas historias, porque son personas como tú y como yo, explica Anastasia Abramets, que ella misma perdió a un antiguo colega que murió en el campo de batalla al comienzo de la invasión. Mucha gente piensa que el memorial solo habla de muerte, de dolor, pero de hecho también se trata de curación y reconstrucción”.

Con una voz dulce, Olha Horodetska detalla las historias, los nombres, los rostros que más la han marcado. Yuri, el minero jubilado de un pueblo de la región de Donetsk, que hasta el final no quiso salir de su casa para quedarse con sus palomas y su pastor alemán. Viktoria, sumiller, embarazada de seis meses, asesinada con su marido Oleksandr mientras dormían en su cama, en Kíiv, el 17 de octubre de 2022. Un año después, Antonina, Nina y Nadia, tres empleadas de una escuela de Nikopol que toda la ciudad sigue llorando.

“Pero hay tantas personas que no puedo recordar a todas”, suspira la periodista. Para esta activista, lo más difícil es encontrar las historias de las personas asesinadas en territorios ocupados, especialmente durante el asedio de Mariupol. Según el ayuntamiento, al menos 20.000 personas habrían muerto en el asedio de la ciudad, de marzo a mayo de 2022. Murieron de hambre, frío o falta de atención, cuando no fueron asesinadas por bombardeos.

Muchos familiares aún no han podido recuperar los cuerpos. “La sociedad no puede avanzar hasta que haya digerido este trauma. Recoger estas historias, preservar la memoria, nos permite seguir viviendo”, asegura Anastasia. “No es solo por los muertos por lo que hacemos esto, sino por los vivos. Para los millones de personas que han perdido a alguien”.


Traducido por Faustino Eguberri

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